lunes, 4 de abril de 2011

"Descubrimiento de América"


LA RUTA DE LAS ESPECIAS Y DEL ORO

Desde el siglo XI, como resultado de las Cruzadas, los europeos reclamaban ciertos productos a los que se habían acostumbrado de su contacto con Oriente. Entre ellos, las especias, que eran indispensables, no sólo  para condimentar los alimentos, sino también  para conservar la carne durante el invierno, además algunas de las plantas eran de uso medicinal.
La ruta de las especias partía del Océano Índico, llegaba al Golfo Pérsico y de ahí se trasladaba a Alejandría, Antioquía y Constantinopla (hoy Estambul), ciudad que servía enlace entre Oriente y Occidente y a través de la cual se hacían importantes transacciones comerciales. Desde África llegaban a Europa el azafrán, el clavo de olor, el jengibre, la canela y la pimienta.
Aparte de las especias, los metales preciosos se perseguían en busca de una base monetaria para la circulación en toda Europa, pero aún más para exportarlos al oriente, a cambio de especias y joyas que los ricos utilizaban como símbolo de consumo ostentoso
El comercio será uno de los factores que estimulará la realización de los viajes en buscan de nuevas rutas y como forma de competir entre los reinos, que pretendían controlar dicha actividad.
Sin embargo, llegar a Asia tardó bastante, debido al atraso de la ciencia geográfica, los elementales instrumentos marítimos y el primitivo estado de la técnica naviera. Pero en el Renacimiento hubo adelantos en materia científica (como la brújula y el astrolabio) y de barcos más seguros (carabelas) que permitieron que los navegantes se aventuraran cada vez más lejos. A estos adelantos científicos y técnicos se sumó la nueva mentalidad del hombre renacentista.
Cuando en 1453 cayó Constantinopla en poder de los turcos, la comunicación entre Europa y Asia quedó cortada y entre los europeos surgió la necesidad urgente de encontrar otras rutas hacia las riquezas comerciales de Oriente. Por lo tanto comerciar especias significaba un rápido y seguro enriquecimiento, siempre y cuando el viaje no fuera un fracaso.  El comercio de las especias tuvo su centro en Venecia que tendrán el monopolio.
Los primeros en iniciar la búsqueda de una ruta para llegar a Asia fueron los portugueses, sus descubrimientos en África y Asia a partir de la segunda mitad del siglo XV, fueron una escuela en las arte de la navegación y será en 1498, Bartolomé Díaz, el que abrió la ruta por el Índico a través del Cabo de Buena Esperanza, mientras otros navegantes creían que se podía llegar a Oriente por un camino más directo atravesando el océano Atlántico.
Estos viajes fueron encabezados por el navegante genovés Cristóbal Colón y financiados por la corona española.

¿Quién era Cristóbal Colón? 

 



Firma de Colón
No se sabe con certeza dónde nació Cristóbal Colón, aunque se cree que en Génova, Italia. Sin embargo, hay versiones que dicen que era francés, catalán, judío, francés, inglés y hasta griego. Ni siquiera se sabe su verdadero rostro, ya que  a pesar de haber más de 1200 retratos, ninguno fue tomado del natural. Pero lo que sí se sabe es que nació a finales de 1451, hijo de un comerciante de sedas y tejedor. Desde muy joven, Colón se interesó en la navegación, empezó a trabajar como grumete de barco, conoció los mapas que circulaban en su época, y leyó la historia de los viajes de Marco Polo a Oriente. En 1477 vivía en Lisboa, Portugal, donde se casó y nació su hijo, Diego. Desde entonces y hasta 1482 realizó viajes comerciales a Inglaterra, Islandia y Guinea. En 1484 concibió la “Empresa de las indias”, es decir, su idea de llegar a las Indias Orientales atravesando el Atlántico. Entonces, intentó convencer al rey Juan de Portugal para que apoyara su plan pero fue rechazado. En busca de quien le financiara su proyecto, y recién fallecida su esposa, se dirigió a España en 1485. Colón llegó al convento de la Rábida y allí propuso su proyecto de viajar a las Indias Orientales. Uno de los monjes se interesó y consiguió que Colón hiciera su propuesta a los reyes católicos, Fernando de Aragón e Isabel de Castilla. En 1486, una junta de expertos de la corte rechazó su proyecto. 

En 1488 se volvió a casar y tuvo a su segundo hijo, Fernando. Colón siguió insistiendo en su proyecto de navegación para llegar a Asia y finalmente logró convencer a los reyes que lo apoyaran. El 17 de abril de 1492 se firmaron las Capitulaciones de Santa Fe que dieron a Cristóbal Colón el título de almirante de la expedición, virrey de las tierras que conquistara y el beneficio del 10% de las riquezas que pudiera traer a España.
Reunida una tripulación de unos 100 hombres, Colón zarpó del puerto de Palos, en la costa de Andalucía, el 3 de agosto de 1492. A este primer viaje, que fue muy exitoso, siguieron otros tres que corrieron con menor suerte. Después del último viaje, Colón perdió su prestigio y cuando murió su protectora, la reina Isabel, fue totalmente marginado por el rey Fernando. Colón murió olvidado, triste y enfermo, en un humilde albergue en Valladolid, el 21 de mayo de 1506, al lado de sus dos hijos y de dos fieles marinos.
Colón murió convencido de que había llegado a las Indias,   nunca se imaginó que en realidad se había topado con un nuevo continente. En 1544, sus cenizas fueron trasladadas a Santo Domingo y desde 1796 reposan en la catedral de La Habana, en Cuba, aunque la catedral Sevilla disputa también el honor de contar con los restos del Almirante.

LOS VIAJES DE COLÓN

Réplicas de las embarcaciones de Cristóbal Colón

Primer viaje El 3 de agosto de 1492, Cristóbal Colón partió del Puerto de Palos, en Huelva, en la costa de Andalucía, con dos carabelas, La Niña y La Pinta; una nave, La Santa María, en la que viajaba Colón, con una tripulación de unos 120 hombres. Los hermanos Martín y Vicente pinzón tomaron el comando de las dos carabelas y Colón dirigió la nave. Navegaron por la costa africana hasta las islas Canarias y de allí partieron al oeste. Al pasar de los días, la desesperación de no saber cuándo ni cómo llegarían a su destino provocó un amotinamiento que Cólon calmó prometiendo que si en tres día no avistaban tierra regresarían a España.
Se dice que Colón pensaba que entre las costas españolas y las de Asia habría sobre cinco mil kilómetros, cuando la realidad es que esa cantidad hay que multiplicarla por cuatro.



Plan de Cristobal Colón

                                                                                     
El Puerto de Palos y la tripulación: Palos era un puerto pequeño con menos de 600 habitantes, lo que hizo difícil reclutar al centenar de hombres necesarios para tripular los barcos que se lanzarían a la aventura.
Para los marineros de Palos, que desconfiaban de Colón, no hubo escapatoria, tampoco para los habitantes de los puertos vecinos de Huelva y Moguer, donde también se enrolaron tripulantes. Finalmente llegaron a  90. El primero en alistarse fue Juan de la Cosa, propietario de la nao Santa María, en la que viajaría Colón.
Entre la tripulación un médico, un cirujano, un farmacéutico, tres ecomendados por los Reyes de España y un intérprete que hablaba hebreo, caldeo y árabe.
Los españoles iban armados con arcabuces (fusiles de pólvora) espadas y ballestas.
Así, con provisiones para un año y paquetes de cuentas de vidrio, espejitos, agujas, cascabeles y gorros rojos, partió rumbo a las Indias

El 12 de octubre de 1492, a las 2:00 am, después de 72 días de navegación, el marinero Rodrigo de Triana divisó tierra firme. Cristóbal Colón y su expedición llegaron a la isla que los nativos llamaban Gunahaní, y que Colón bautizó como San Salvador, ubicada en el archipiélago de las Lucayas o Bahamas. Inmediatamente comenzó a explorar la zona y pronto llegó a la actual Cuba, a la que Colón llamó Juana.


El almirante Colón estaba convencido de haber llegado a las Indias Orientales y por eso llamó “indios” a sus habitantes. Además, con la idea fija de que estaba en Catay, Colón se dio a la tarea de buscar la residencia del Gran Khan, por lo que recorrió parte del norte de Cuba en dirección poniente y llegó a la isla que hoy es de Haití y de la República Dominicana, a la que bautizó como La Española. En este sitio, Colón construyó un fuerte con los restos de la Santa María, que se había estrellado contra un arrecife y naufragado. Ese refugio se llamó Navidad y fue el primer asentamiento español en América.
El 4 de enero de 1493, Cristóbal Colón regresó a España con las dos carabelas que le quedaban, dejando 40 hombres en el fuerte Navidad. En Barcelona, los Reyes Católicos recibieron solemnemente al Almirante, quien llegó mostrando seis aborígenes, algunos frutos exóticos, como la piña, papagayos y algo de oro. El éxito y fama de la empresa expedicionaria de Colón le permitió obtener el financiamiento para un segundo viaje.

 


Segundo viaje El 25 de setiembre de 1493, Colón zarpó del puerto de Cádiz, España, al mando de 17 barcos y 1200 hombres. Las prisas por organizar esta segunda travesía hay que atribuirlas a los deseos del Almirante de demostrar que había llegado a Asia y al temor de los Reyes Católicos a que sus rivales portugueses intentasen algún tipo de exploración por los nuevos territorios, ya que según el Tratado de Alcaçovas les pertenecería cualquier descubrimiento realizado al sur de las Islas Canarias.


Esta nueva expedición no era ya sólo un viaje de descubrimiento, sino de conquista: con los marineros iban colonos ansiosos por encontrar las riquezas que había descrito Colón, religiosos para convertir a los nativos, animales domésticos y plantas para poner aquellas tierras en producción.

Cuarenta días más tarde descubrió las Antillas y la isla de Puerto Rico, que llamó San Juan. Cuando llegó a La Española y se encontró que los hombres que había dejado habían sido muertos y el fuerte destruido, debido a graves conflictos con los indígenas. Colón fundó otro asentamiento, llamado Isabela en honor de la reina de España. Aquí comenzó la labor evangelizadora. La falta de víveres y las enfermedades hicieron estragos entre los españoles y parte de la expedición se regresó debilitada y enferma a España en 12 barcos.
Colón siguió explorando el mar de las Antillas con apenas tres carabelas. A pesar de sus esfuerzos de encontrar China o Japón, sólo se topó con otra isla (Jamaica). Cuando regresó a Isabela se encontró con que los hombres que había dejado se mataban entre sí por rencillas internas y obligaban a los indios a entregarles oro. Además, supo que en España los hombres que habían regresado lo acusaban de pésimo administrador, tirano e inepto. Ante estas noticias, Colón regresó a España a presentar su defensa ante los reyes católicos, que lo recibieron fríamente.
Mientras tanto, en La Española las minas comenzaron a producir oro en abundancia, bajo la supervisión de Bartolomé Colón, hermano del almirante.

Tercer viaje El 30 mayo de 1498, Colón partió de España con 6 naves y el 31 de julio llegó a Trinidad. De ahí pasó a las costas de Venezuela, sin saber que se encontró con tierra continental. Después descubrió las islas de Tobago y Granada, Margaritas y Cubaga.
Colón decidió regresar a La Española, que se había quedado bajo la dirección de sus dos hermanos (Bartolomé y Diego), y encontró problemas causados por sublevaciones en contra de la autoridad de sus hermanos y la ansiedad de encontrar oro. Colón quiso someter a los españoles sublevados y ahorcó a varios, con lo cual sólo aumentó las rebeliones. Francisco de Bobadilla, enviado por los reyes, llegó a la española en 1500 y cuando vio los métodos represivos de Colón y sus hermanos, los arrestó y los mandó encadenados a España.
Colón apresado

Cuarto viaje En consideración a sus servicios, la corona retiró los cargos contra Colón pero no volvió a recuperar ni la confianza ni la ayuda de la reina y sus cortesanos.
Con muchos trabajos, en abril de 1502 Colón volvió a embarcarse con cuatro carabelas para ir en la búsqueda del tesoro del Gran Khan. Esta vez costeó Centroamérica: recorrió Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Estuvo a punto de tocar Yucatán pero no lo hizo. Tempestades destruyeron sus naves y solo con mucho trabajo consiguió regresar a Jamaica.

  

Allí fue rescatado muy enfermo y devuelto a España en 1504, donde murió en el olvido dos años más tarde...Morirá en Valladolid en 1506 sin haber conseguido su objetivo, desposeído de sus cargos y sin saber que había descubierto para los europeos el “Nuevo Mundo”.
Las desgracias de Colón no acabaron con su muerte, pues al año siguiente de su fallecimiento se publicó un libro de geografía que incluía un mapa del cartógrafo alemán Waldseemüller donde se recogían los relatos de un navegante florentino, Américo Vespucio (o Amerigo Vespucci, o Americus Vesputius), que afirmaba que los descubrimientos hechos tras 1492 (él mismo había participado en alguna de las muchas expediciones españolas) no eran tierras asiáticas sino un nuevo continente, aunque en España se siguieron llamando Indias durante siglos, el nuevo nombre se hizo pronto muy popular en otros países.
LAS CARABELAS
 





UN POCO DE HUMOR


Como dijo el alumno Gabriel Bonet: " Entonces nosotros, los americanos, descubrimos a los europeos, pero nos ahorramos el viaje"





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