lunes, 2 de junio de 2014

La conquista de México


Decepcionados por no hallar en las Antillas las riquezas que buscaban, incapaces de mantener sus plantaciones con la mano de obra indígena que se extinguía en forma alarmante y atraídos por sus relatos, los españoles enviaron varias expediciones sobre la costa mexicana.
Las noticias proporcionadas por estas expediciones, impulsaron a Diego Velásquez, gobernador de Cuba, a solicitar al emperador Carlos I la conquista de aquellos ricos territorios. Concedida la autorización, fue elegido Hernán Cortés para realizarla.
Hernán Cortés
Hernán Cortés nació en Extremadura en 1485, pertenecía a la baja nobleza. Su familia lo envió a Salamanca a estudiar Derecho, pero abandonó a los dos años, y atraído por las armas, llegó finalmente a La Española en 1504, con tan solo 19 años y fue conocido por su audacia.

Cortés tenía una gran pasión por las riquezas y una ardiente fe. En 1511 participó en la conquista de Cuba con Diego Velázquez, y luego, fue nombrado alcalde de Santiago de Baracoa por él. Con el propósito de enriquecerse, Cortés salió de Cuba rumbo a México-Tenochtitlán junto a 11 navíos, 518 soldados, 16 caballos, 32 ballestas, 10 cañones de bronce, dos o tres docenas de perros “mata indios”, 110 marineros, 200 indios cargadores algunos negros africanos en calidad de esclavos. Además, 5000 porciones de tocino, 6000 cargas de maíz, gallinas, vino y aceite. La molienda de maíz y la fabricación del pan estaban a cargo de algunas indias cocineras.
Zarpó de Cuba el 18 de febrero de 1519, sin el permiso del gobernador Diego Velásquez porque a última hora había cambiado opinión y decidido destituir a Cortés de la expedición, por lo que éste decidió partir sin la autorización del gobernador.
Cortés llegó a la isla de Cozumel tres días después. Allí, se encontró con Jerónimo de Aguilar, un náufrago desde 1511, que se había integrado con los indígenas y aprendido la lengua maya, por lo que se unió a la expedición de Cortés.
Salieron rumbeando la Península de Yucatán, y se detuvieron en Tabasco, venciendo a los nativos. Entre los regalos que recibió habían 20 doncellas indígenas, entre ellas Malinali, llamada posteriormente Doña Marina por los españoles, y Malinche por los indígenas. Marina conocía el náhuatl que le permitía comunicarse con los aztecas y el maya, con el cual se comunicaba con Jerónimo de Aguilar y éste lo hacía en español con Cortés. Gracias a esta india inteligente y sagaz y resentida con su gente y su familia por haberla vendido como esclava, Cortés descubre los problemas entre las distintas naciones indígenas.
En abril desembarcaron en la isla de San Juan de Ullúa y luego, en la costa del continente, fundan Villa Rica de la Veracruz, desvinculándose del gobierno de Cuba y envía dos delegados a España para informar al rey Carlos I para justificar su expedición.
En Villa Rica de la Veracruz se encontraron con los embajadores de Moctezuma, el emperador azteca.
Penacho de Moctezuma
con plumas de quetzal y oro

Moctezuma
















Éste temía que fueran otro pueblo invasor, como lo eran ellos, o hasta que Cortés fuera el dios Quetzalcoatl. Los aztecas llegaron con regalos magníficos, con objetos de oro, pero los invitaron a que se retirasen. Esto aumentó la codicia de los españoles.
Visita de aztecas a Cortés que está junto a Malinche
Relato de los embajadores que Moctezuma envió ante Hernán Cortés
“Por todas partes vienen envueltos en sus cuerpos, solamente aparecen sus caras. Son blancas, como si fueran de cal. Tienen el cabello amarillo, aunque algunos lo tienen negro. Larga su barba es, también amarilla; el bigote también tienen amarillo […].
Los soportan en sus lomos sus ‘venados’. Tan altos están como los techos […]
Pues sus perros son enormes, de orejas ondulantes y aplastadas, de grandes lenguas colgantes; tienen ojos que derraman fuego, están echando chispas: sus ojos son amarillos, de color intensamente amarillo.
[…] Y cuando cae el tiro, una como bola de piedra sale de sus entrañas: va lloviendo fuego, va destilando chispas, y el humo que de él sale es muy pestilente, huele a lodo podrido, penetra hasta el cerebro causando molestia.”
Citado por NATHAN WACHTEL. Los vencidos. Madrid Alianza

El viaje continuó a Cempoala donde liberó a los totonacas del pago de tributos a Moctezuma y, sirvieron como cargadores y soldados.
Algunas de los expedicionarios intentaron robar un navío para volver a Cuba. El castigo fue ejemplar: dos ahorcados, una pierna de menos al piloto y 200 azotes a cada marinero rebelde y ordenó hundir las naves. Luego llegó a Tlaxcala, los que vivían una continua guerra contra los aztecas, porque secuestraban a sus jóvenes para ofrecerlos a los dioses. Con astucia, Cortés logró el apoyo de los tlaxcaltecas y atacó Cholula, donde se produjo un verdadero genocidio. Los que escaparon de las lanzas, de las escopetas y de las espadas y los que se escondieron en las casas para huir de los perro y caballos fueron incinerados.
Recorrido De Hernán Cortés en México
Las puertas de la capital, Tenochtitlán (actual Ciudad de México) la mítica ciudad rodeada del agua de dos lagos localizados en el valle de México, se abrieron a los invasores españoles. Miles de personas salieron a recibirlo, hasta el propio Moctezuma los hizo junto a 200 soldados. 
Tenochtitlán
  

“Nos quedamos admirados”- dijo Bernal Díaz del Castillo, relator de la expedición al ver la ciudad-, “y decíamos que parecía a las cosa de encantamiento (…)y aún algunos de nuestros soldados decían que si aquello que veían era entre sueños y no es de maravillar que yo escriba aquí de esta manera. Entonces Moctezuma avanzó por la gran calzada que conducía a la ciudad para recibir a los españoles, convencido que Cortés era el dios Quetzacoatl y le dijo: Bienvenido. Te hemos estado esperando. Esta es tu casa”.

Cortés descubrió pronto que Moctezuma tenía recámaras en su palacio donde hasta las paredes eran de oro. Cortés tomó prisionero al rey y derritió el oro. En todas partes mandó destruir sus ídolos, y levantó en su lugar altares cristianos.
A los cinco meses de estar en Tenochtitlán, Cortés se enteró de que en Veracruz había una expedición desde Cuba para apresarlo, por lo que va a su encuentro.
Mientras tanto, en ausencia de Cortés, uno de sus lugartenientes, Pedro de Alvarado, provocó una matanza aprovechando el festival religioso indígena de Tlatelolco.
Convencido el pueblo azteca que los españoles no eran dioses, preparaban una insurrección encabezada por el sobrino de Moctezuma, Cuauctemoc. 

Cuactemoc
Moctezuma fue muerto a pedradas por su propio pueblo y los españoles fueron expulsados de la ciudad. Este hecho se conoce con el nombre de la “noche triste”; fue la noche del 29 al 30 de junio de 1520. En la huída, muchos españoles se ahogaron en los canales, tratando de escapar con las balsas llenas de oro. El propio Cortés se sentó al pie de un árbol, el ahuehuete, y lloró. 



Los españoles se refugiaron en la aliada ciudad de Tlaxcala, y desde allí organizó el ataque. Un año después, regresó con 80.000 indios tlacaltecas para derrotar la capital azteca.
En 1521 inició el sitio a Tenochtitlán, contando con un gran colaborador, la enfermedad de la viruela, traída por un esclavo y que mandó a gran cantidad de indígenas.
Dibujo de la época sobre la viruela
El sitio duró 85 días y fue sangriento. Se les cortó el acueducto de Chapultepec que introducía agua a la ciudad. Los sitiadores avanzaron lentamente, destruyendo la ciudad.

Los sitiados sedientos, hambrientos, insomnes, enfermos, heridos, no pudieron hacerle frente. Cuactemoc, el mejor guerrero y organizador de la defensa de la ciudad, fue tomado prisionero y torturado, pero no dijo donde estaba el oro del imperio. La ciudad se rinde el 30 de junio de 1521, tras la muerte de miles de aztecas.
La reconstrucción de Tenochtitlán llevó tres años. Los palacios aztecas ahora eran sustituidos por iglesias y residencias para los nuevos dominadores. Desde la ciudad de México los españoles recorrieron las costas del Pacífico y organizaron nuevas expediciones hacia el sur y norte del continente.

La actual capital de México es el lugar donde se encontraba la capital azteca, Tenochtitlán, la cual estaba ubicada en el medio del agua; por lo tanto debieron rellenar toda la zona para crear la nueva ciudad. Esto ha provocado que el terreno sufra de movimientos, lo que a su vez a permitido descubrir los edificios en ruina que los españoles intentaron ocultar.


Fuentes: Libro C.B.U 2do Año
              Libro Pensar la Historia 2do Año
              Imágenes de Google

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