martes, 4 de julio de 2017

JOSÉ BATLLE Y ORDÓÑEZ


Cuando el nombre de alguien llega a ser identificado con una época, sin dudas merece un reconocimiento. Fue dos veces presidente de la República (1903-1907 y 1911-1915) fue filósofo y periodista. Aquí se detallarán partes más importantes de su vida, más allá de su aspecto político.

José con su padre Lorenzo Batlle
Batlle y Ordóñez, nació el 21 de mayo de 1856, en las actuales calles Yaguarón y Lima; fue bautizado dos años después, con el nombre completo de José Pablo Torcuato Batlle Ordóñez. Su padre, el ex presidente de la República (1868-1872) Lorenzo Batlle y Grau, y su madre Amalia Ordóñez Duval, tuvieron además a Luis Batlle y Ordóñez.

Su educación comenzó en su casa bajo la dirección del maestro Pereira Núñez y continuó en colegios ingleses; el de Mr. Beard, primero, el de Mr. Adams después. En ambos, recordará Batlle más adelante, se prestaba especial atención al aprendizaje del idioma inglés: "hasta cuando nos peleábamos se nos obligaba a hacerlo en inglés". Hizo los estudios preuniversitarios en el Colegio de los Padres Escolapios y a los diecisiete años ingresó en la Universidad. Terminado el bachillerato, comenzó la carrera de Derecho, que abandonó cuando sólo le faltaban tres o cuatro exámenes para obtener el título de abogado.
Hasta los 20 años, por tradición familiar, Batlle fue católico; hacia 1876, en el marco de los cambios ideológicos que agitaron a la intelectualidad uruguaya y, especialmente a la juventud estudiosa, adhirió al racionalismo espiritualista: 
"A los 19 años de edad era católico, esto es, no había abandonado la religión en que me había criado. Mis padres eran católicos, pero con un catolicismo que no iba a la iglesia ni andaba con curas. A mi se me había enseñado el Padre Nuestro, que aún recuerdo y llegué a saberlo también en inglés, aprendido en un escuela protestante; el Credo, que no recuerdo bien, y nada más. Se trató de hacerme confesar cuando tenía ocho o diez años; pero el poco empeño de mis padres en que lo hiciera, dieron por resultado en que no se realizase aquel acto. No recuerdo haber hablado, en mi niñez, con más curas que el Padre Estrázulas, muy conocido entonces, pues administraba la homeopatía y algunos otros remedios y solía asistirme cuando yo estaba enfermo.
A los veinte años o entre los veinte y los veintiuno yo había dejado de ser católico. Por primera vez, en aquel tiempo, examiné mi religión; y la reputé absurda(...)"

VIDA PERSONAL
La  mujer de su vida fue Matilde Pacheco, nacida el 21 de setiembre de 1854 en Buenos Aires, viuda del primo hermano de Batlle, llamado Ruperto Michaelson, con quien había tenido cinco hijos: Matilde, Ruperto, Juan Luis, Guillermo y Carlos, pero que había sido abandonada por su marido.
José Batlle, por el pedido de su padre Lorenzo, era el encargado más de una vez de cuidar a Matilde quien padecía de insomnio permanente por el abandono de Michaelson.
José y Matilde siempre se llevaron bien pero no se sabe cuando comenzó su unión, ni cuando comenzaron a convivir, pero estuvieron en concubinato al menos una década. La sociedad montevideana les hizo saber con crueldad la precariedad legal en la que vivían, aprovechando también los odios políticos que despertaba; era muy común que en los lugares que ingresaba Matilde, las "señoras decentes" se retiraran.
Tanto que César, Rafael y Amalia Ana no fueron inscriptos en el Registro de Estado Civil en las fechas en que nacieron, y hasta la partida de defunción de Amalia Ana indica que se produjo el 8 de febrero de 1894, a los catorce meses de edad, y que era hija natural de Don José Batlle de 38 años, el nombre de Matilde no se menciona, debido a no estar casados.
Finalmente se unieron en matrimonio el 29 de setiembre de 1894, un año y dos días después de la muerte de Michaelsson, y dos meses antes del nacimiento de Ana Amalia.
Batlle y Matilde también tuvieron cinco hijos en total, César (1885), Rafael (1887), Amalia Ana (1892, muriendo a los 16 meses de edad), Ana Amalia (1894, fallecida a los 18 años) y Lorenzo (1897). A su vez adoptarán a una niña.
       

Batlle medía 1,92 m y pesaba 150 kg; padecía obesidad de Barraquer o síndrome de Barraquer-Simon, una enfermedad que despierta en la niñez y que progresa lentamente. Se caracteriza por la alteración de la distribución de la grasa, que se concentra casi exclusivamente en la mitad inferior del organismo, y se supone que quien padece esta enfermedad van perdiendo tejido adiposo subcutáneo en cara, cuello, hombros, brazos, antebrazos, tórax y abdomen y lo acumulan desproporcionalmente en caderas y piernas. Esto explicaría por qué Batlle siempre aparece en las fotografías vestido con sobretodo o con levita, en épocas en que esta última prenda había dejado de usarse, "yo visto a la antigua", decía, justificando sus sobretodos. Algunos de sus hijos heredarán esa patología.

VIDA PÚBLICA
Incorporado a la juventud racionalista que surgía como sucesora de la que había sostenido el Club Racionalista de 1872, Batlle publicó en La Razón (diario fundado en 1873, dirigido por Daniel Vázquez y los redactores Prudencio Vázquez y Vega y Anacleto Dufort y Alvarez) los poemas titulados "Mi religión" y "Cómo se adora a Dios" en los que expresaba el sentimiento deísta, tal como lo concebía el racionalismo espiritualista.
A fines de 1878 y 1879, integró la redacción de la revista El Espíritu Nuevo, con mayoría de jóvenes estudiantes de Medicina y Derecho; publicando un único trabajo en prosa: "La pluralidad de los mundos habitados" y cinco poesías, con el mismo espíritu deísta. También en este tiempo (de mayo a agosto de 1879) actuó en la Sección de Filosofía del Ateneo, ocupando la Vicepresidencia de la misma, mientras que su íntimo amigo y mentor espiritual, Prudencio Vázquez y Vega desempeñaba la Presidencia y Francisco Soca la Secretaria.  

El motivo de la primera suspensión de sus estudios fue un viaje a Europa que realizó en compañía de su amigo Ramón López Lomba. El idea original era participar en una expedición científica al interior de África, que según informaba la prensa se organizaba en París, pero cuando los jóvenes llegaron a la capital francesa, el 15 de noviembre de 1879, se enteraron de que la exploración referida había sido suspendida, quedándose en la ciudad, donde Batlle asistió a conferencias y siguió algunos cursos, como Filosofía en la Universidad de la Sorbona, quedándose en Francia por dos años.
A su vuelta, inmediatamente, se reintegró a la actividad periodística, en La Razón, dirigida por Daniel Muñoz. El Plata, al frente de Carlos María Ramírez, El Heraldo y la Idea, conducidos por los colorados Julio Herrera y Obes y Eduardo Flores, el hijo de don Venancio, encarnaban la oposición al régimen santista.

El 20 de mayo de 1881, unos exaltados partidarios de Santos asaltaron las redacciones y talleres de La Razón y El Plata (ambos constitucionalistas) deteriorando las máquinas y destruyendo el mobiliario y los archivos. Después de estos atentados, donde resultó muerto el obrero gráfico José Fontán, Prudencio Vázquez y Vega le ofreció a Batlle y a Anacleto Dufort y Alvarez la dirección de La Razón, pero no aceptó por tratarse de un periódico constitucionalista, aunque accedió a integrar su Redacción, hasta el 30 de marzo de 1882, en que Daniel Muñoz regresó de Buenos Aires y reasumió la Dirección.
Poco después Batlle se hizo cargo de la Dirección de La Lucha, convirtiéndose en un importante vocero de la oposición. Pero sus propietarios, amedrentados, resolvieron clausurarlo para evitar represalias del régimen de Santos.
Batlle quedó entonces privado de toda actividad periodística hasta que en 1885 volvió La Razón, junto con Teófilo Daniel Gil, quien había sido su socio en un estudio jurídico hasta poco después de su regreso de Europa, cuando rindió algunos exámenes de su carrera, antes de abandonarla definitivamente.
Batlle había decidido concurrir a las funciones del teatro Solía cada vez que lo hacía Santos, provocando una situación que molestaba a este y a sus acompañantes, entonces, para evitar un seguro incidente, Daniel Muñoz, Director de La Razón, suspendió la entrega de entradas para el teatro por lo que Batlle dejó la Redacción.
Pero ya entonces se estaba preparando la Revolución de Quebracho, en cuya preparación Batlle participó desde el primer momento; formó parte de la Asociación Revolucionaria, junto a Teófilo Daniel Gil, Camilo Williams, Anacleto Dufot y Alvarez, Juan Campisteguy, P. Vázquez Vega y su hermano Luis Batlle y Ordóñez entre otros; y en noviembre emigró a Buenos Aires, donde tuvo a su cargo un centenar de hombres. La revolución fracasó, murieron algunos íntimos amigos de Batlle, él fue hecho prisionero y luego liberado junto a otros revolucionarios.

El 16 de junio de 1886, aparece su periódico El Día, siendo el primero en ser de venta libre y no por suscripción. Desde sus páginas, Batlle hará una prédica demoledora, ella fue motivo de una orden de prisión (el pretexto fue una protesta del Ministro Plenipotenciario del Reino de Italia) que también afectó a los directores de otros órganos de la oposición, que fueron sometidos al Juzgado del Crimen. En la oportunidad, el último en ser liberado fue Batlle, primero estuvo preso en el Cabildo y después en la Cárcel correccional y penitenciaria. 
Batlle en la redacción de El Día
Producida la llamada "Conciliación de Noviembre", Batlle retornó al país y recomenzó la prédica en El Día; cuando el diario La Situación, convocó al pueblo para despedir a Santos, Batlle provocó la airada protesta.
El 13 de mayo de 1887, Tajes lo designó Jefe Político de Minas, cargo al que renunció para presentar su candidatura a Diputado por otro departamento; antes de su renuncia, en julio, había dejado de aparecer El Día. Lo reabrirá el 19 de diciembre de 1889, integrando su dirección junto a Juan Campisteguy y Abel J. Pérez; convertido en órgano del Partido Colorado, sostendrá la candidatura del Dr. Julio Herrera y Obes.

Algunas actitudes de Herrera, determinaron que Batlle pasara a la oposición y que realizara una intensa campaña en pro de la democratización del Partido Colorado. En febrero de 1901, ingresó a la Cámara de Diputados, representando al departamento de Salto.
Durante la Administración de Idiarte Borda, sin cargo legislativo, se mantuvo en una cerrada oposición y desarrolló una activa campaña política que le valió la Presidencia de la Junta nombrada el 2 de agosto de 1895, en la Asamblea realizada en el teatro Odeón.

Producida la revolución blanca de Aparicio Saravia en 1897, la policía, el 10 de mayo, clausuró El Día; dos días después, Batlle en otra imprenta, comenzó a editar El Día Noticioso, que salió hasta el 4 de setiembre de ese año.
Desde sus columnas, bregó por la paz, a la que consideraba "una necesidad absoluta", a la vez que criticaba a quienes la reclamaban "sin dar sus lineamientos", "en bloque", sometiendo al país al riesgo de que solo se lograra "un prolongado armisticio después del cual van a estallar las hostilidades con mayor ímpetu y crudeza".
A partir del gobierno de Lindolfo Cuestas, Batlle realizó su hábil y tenaz acción política que lo condujo a la Presidencia de la República el 1ro de marzo de 1903; cargo que volverá a ocupar entre 1911 y 1915.

DUELO CON WASHINGTON BELTRÁN
Después de haber sido dos veces presidente de la República, y seguir siendo la figura política más importante del país, el 2 de abril de 1920, se retará a duelo con Washington Beltrán
Beltrán era fundador, propietario, director del diario El País de Montevideo y dirigente del Partido Blanco y había publicado días antes un artículo muy contundente contra José Batlle:"¡Qué tupé, el rey del fraude acusa al Partido Nacional!".
El viernes Santo, Batlle mandó sus padrinos a Beltrán, que aceptó el duelo. Ambos eran ateos, e incluso Beltrán prohibía que la palabra Dios se publicara en su diario con mayúscula. La mañana de su muerte, Washington Beltrán, de 35 años se vistió con una camisa blanca y ropas claras y, con una raqueta de tenis para no alarmar a su esposa embarazada, aduciendo que iba a jugar a un deporte por el que jamás se había interesado.
En la cancha del parque Central de Montevideo, esperaba Batlle, de 63 años. Este no era su primer duelo.
Los padrinos repartieron las pistolas y fijaron el lance a 40 pasos y dos cargas. A la palmada del padrino, ambos abrieron fuego, sin acertarse; tras la segunda palada, recargadas las armas, el director del diario El País fue herido de muerte.
El duelo fue un secreto a voces para la sociedad montevideana. Batlle podía ser considerado reo de homicidio con atenuantes, según el Código Penal de 1889. Para evitar la condena, el 6 de agosto de 1920 se promulgó la Ley 7.253, reformando varios artículos del Código y reglamentando el duelo, con efectos retroactivos. La ley determinaba que producida la supuesta ofensa, los padrinos de ambas partes debían conseguir una solución amistosa evitando el duelo. Si fracasaban en el intento, debían formar un tribunal de honor con tres miembros: uno por cada padrinato y un tercero pactado entre los dos primeros. Este tribunal dictaminaba si existió o no la ofensa, y autorizaba o prohibía el enlace.
Si el duelo se efectuaba, se celebraba a sable o espada, o a pistolas y a dos cargas, siempre que no sean precisión o repetición. El enlace sólo puede hacerse a primera sangre, pero si de ella se infiriese la muerte de uno de los duelistas, el sobreviviente queda exento de persecución penal.

Después de este duelo, José Batlle y Ordóñez nunca más se batió a duelo con nadie.

EL FINAL DE SU VIDA
Tres generaciones: José, Luis y Jorge Batlle
Ya con 73 años, Batlle se interna en el Hospital Italiano, el 18 de setiembre de 1929, al cuidado de las Hermanas Capuchinas para ser intervenido quirúrgicamente de la próstata. Se despide de su familia y desde su quita de Piedras Blancas se va hacia el hospital, acompañado de su hijo Rafael, Mendieta, sn moreno y fiel asistente, y también por su íntimo amigo Domingo Arena.
El día 20 de setiembre por la mañana se realizó la primera operación (la talla vesical que será la única) realizada por Surraco, durando sólo 15 minutos. Surraco no encuentra nada de temer y es optimista.
Batlle se repone totalmente, hablando mucho, pero tosía con frecuencia, con ahogo, haciendo como siempre las reiteradas aspiraciones de mentol.
Aunque muy recuperado solo ansiaba volver a su hogar, pero faltaba mucho tiempo para hacer la segunda operación, por eso se reservó un departamento en el Parque Hotel, donde esperaría el plazo de dos o tres meses para hacer dicha segunda operación, la prostatectomía. 

El 20 de octubre de 1929, su sobrino Luis Batlle Berres lo encuentran tan bien que se retira cerca de las 12. Arena, siempre a su lado, también lo encontró tan bien que se fue a las 12. Fue a almorzar a lo de un hermano. Al sentarse a la mesa, suena el teléfono para anunciarle que Batlle no estaba bien. Llega al hospital donde lo recibe el doctor Carlos Stajano que le da la triste noticia. Un segundo episodio de hemorragia cerebral.
Al quedar solo con Mendieta, Batlle le dice de pronto: "Recuésteme un poco que estoy algo mareado." Lo que el moreno, al verlo desvanecido, llamó a la hermana capuchina Evelina, y acudieron su hijo César, que estaba en el cuarto de al lado, Surraco y Artucio. Alguien avisa a Arena. La hermana Evelina intenta reaccionarlo rezando y mirando atentamente, Surraco le dice: "No la oye, hermana, está muerto", a lo que ésta replica: "Sí me oye." Y Batlle la mira con una sonrisa y le dice: "¡Ah, hermana!". Fueron según ella sus últimas palabras.

Una multitud despidió al hombre que marcó una era en el país.




Fuentes: Crónica General del Uruguay. Washington Reyes Abadie y Tabaré Melogno
              Qué tupé. Diego Fischer
              http://elpais.com/diario/1984/03/25/sociedad/449017210_850215.html 
              Documental "EL Origen". Canal 12.
              http://www.rmu.org.uy/revista/25/1/2/es/7/